martes, 29 de marzo de 2011

UN REINO MISTERIOSO (Lc. 19.11-27)


Jesús había salido de Jericó en dirección a Jerusalén, y mientras se acercaba pudo notar la expectativa de la multitud. Ellos estaban dispuestos a proclamarlo como rey. Efectivamente fue así, pocos días después estarían gritando a voz en cuello, “bendito el Rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo y gloria en las alturas” Lc. 19.38. Pero no se imaginaban que unos días más tarde su Rey sería colgado cruelmente en una cruz y la multitud de aclamadores se desvanecería. Por esta razón Jesús comprendió que era necesario desengañar de una vez por todas a la gente de la falsa ilusión, de que había llegado la hora del Reino visible de Dios, que derrotaría a los romanos y dominaría al mundo. Tenía que dar a conocer tanto a sus discípulos como al pueblo, que él no iba a Jerusalén a tomar el trono real. Creo que ese es la ocasión para que Jesús diga la parábola de las 10 libras, que afirma que el reino de Dios vendría, pero no inmediatamente. Muchas cosas tenían que suceder antes de que ese Reino se hiciera realidad. Verdaderamente su Reino comenzaba en la tierra, pero en una forma misteriosa ante los ojos humanos. Mientras tanto sus discípulos estarían realizando ciertos negocios por cuenta del Señor. La parábola pretendía frenar su impaciencia y mostrarles el plan que el Señor tenía para ellos. De esta manera, el relato inicia describiendo a un hombre notable del lugar que se iba de viaje a la lejana capital del reino, para ser coronado como Rey. Pero antes de salir llamó a unos 10 pobladores y les entregó una libra de plata a cada uno. Los eruditos calculan que la libra de plata de aquel entonces equivaldría hoy al valor alcanzable de 350 dólares, más o menos. Y luego les ordenó que se ocuparan “en invertir en un negocio y hacer producir” durante su ausencia. Ya había pasado mucho tiempo, este hombre notable, regresó convertido ya en un Rey. Entonces inmediatamente llamó a los pobladores a quienes encargó las libras, los convocó para que dieran cuenta de cómo habían negociado con ellas. Uno había ganado 10 veces del valor, otro a razón de 5. A cada uno le dio su recompensa por su fidelidad. Pero no faltó uno que en vez de negociarla, la guardó en su pañuelo. Fue castigado por su negligencia y abandono, así como también fueron sancionados los enemigos del rey que se opusieron a su nombramiento. Veamos ahora cuál es el significado de la parábola. Este hombre notable es sin duda Cristo, además de noble rango, es Hijo del Altísimo y descendiente de David por su rama materna, engendrado por el Espíritu Santo en la virgen María. Estaba llamado a ocupar el trono de David y reinar para siempre Lc.1.32-33. Pero su reinado había de recibirlo directamente de su padre y no de manos humanas. En consecuencia, en las ocasiones que las masas trataron de proclamarlo Rey, se les escapó de en medio. Lo que quería decir con esto que tenía que ir lejos a la capital del reino, es decir al cielo, para ser coronado ahí. Aunque las libras que dejó para producir, a sus pobladores, eran de poco valor en ese entonces, sin embargo no se trataba de una suma muy elevada. Al salir de ese lugar no tenía una gran fortuna, sino escasamente 10 libras, es decir que su condición era relativamente pobre y humilde para su categoría de gran Señor de ascendencia noble, y un rango real. En esta descripción vemos pintadas las escenas de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesucristo y la entrega a sus discípulos de lo poco que tenía, no en dinero sino en fieles seguidores que son los que constituyen los valores de su Reino. La ilustración que da Jesús era algo familiar en Jericó, donde pocos años antes Arquelao tenía su palacio de donde se fue a Roma para conseguir que lo nombraran rey de Judea. Todos sabían que sus opositores enviaron una delegación ante el César para oponerse a su gestión. En la ascensión de Cristo a la derecha del Padre, vemos donde hace referencia la parábola a la ida “a la capital del Reino a ser coronado” Hch. 7.56. Ap. 19. 16; 22.16. Jesucristo deja establecido sin lugar a dudas que tenía que alejarse por “un buen tiempo” y luego regresar como Rey. Durante su ausencia, sus servidores deberían obtener rendimiento de los valores que les había encomendado. Sus enemigos por otro lado protestarían y rechazarían su reinado. Notemos que el número de pobladores es 10, símbolo bíblico de lo que es completo, cabal. Los Mandamientos fueron 10, 10 las tribus perdidas de Israel, 10 las vírgenes de la parábola, 10 los cuernos de la bestia del Apocalipsis. El noble entrega a cada uno de los 10 siervos, una libra de plata. ¿Qué representa esa libra? Unos dicen que es la vida eterna, pero es obvio que la vida eterna no está sujeta a aumento o disminución. Lo que sí representa es la comisión que Jesús dio a sus discípulos cuando ascendió a los cielos. Ellos deberían salir de donde estaban para “negociar”, es decir, para rendir frutos de salvación para otros, y éstos a su vez para otros. Es la manera como en el mundo de los negocios, un capital puesto con interés puede multiplicarse. El testimonio de un cristiano salvo y converso no luce mucho a la vista del mundo, así como la libra de plata de los siervos no tenía mucho valor que digamos. Pero si, a atestiguar lo que significa para nosotros la salvación que es menospreciado por un mundano, sin embargo es el medio de lograr algo de valor variado. Notemos otra verdad que imparte la parábola. Los enemigos del noble se rebelan contra la idea de que venga como Rey y se proponen impedirlo. ¿Quiénes son estos sujetos? En primer lugar son los dirigentes judíos que lo rechazaron, como miembro de la tribu de Judá, Jesús como hombre era judío. Lo triste es que él según san Juan: vino a los suyos y ellos no lo recibieron Jn. 1. 11. El odio de la clase gobernante de su pueblo que gritaba ante Pilato diciendo: no tenemos más rey que el César, esto se ve no sólo en la crucifixión del señor, sino en la persecución de sus seguidores, empezando por el martirio de Esteban, Santiago el Mayor, y muchos otros discípulos. En segundo lugar tenemos también el rechazo por parte de los gentiles. Los poderosos del mundo quieren que Cristo sea su Rey. Hasta Satanás, que es el que en realidad inspira en los corazones de la gente la rebelión contra su autoridad, clama y desea que los reinos de este mundo estén en sus manos Lc.4. 5-6. Por fin llegó el tiempo de regreso del hombre importante pero, ya convertido en Rey. Así será con Cristo: El mismo Jesús que asciende ahora a los cielos, vendrá de igual manera Hch. 1. 11. Lo que dijeron los dos personajes vestidos de blanco, implica que así como se fue en forma visible, también así regresará visiblemente. Observemos que la ausencia del noble fue tan prolongada que uno de los servidores tuvo tiempo de hacer una ganancia de mil por ciento. Cuando le dio cuenta de esto a su amo, éste lo alabó diciendo: bien siervo fiel, porque has sido fiel en lo poco, te daré autoridad sobre 10 ciudades v. 17. Este hombre representa a la clase de servidores de Cristo que recibe el premio máximo, fue activo y fiel hasta los límites de su capacidad y podrá ser contado entre los cristianos que recibirán el ciento por uno y reinarán con Cristo durante el milenio. La larga ausencia del amo vemos que tiene efectos variados sobre sus 10 trabajadores. Unos más que otros usarán el tiempo para obtener los mejores resultados, pero no faltaron los que descuidaron por completo su responsabilidad y no sólo no ganaron ni un centavo, pero ni siquiera lo dieron a los banqueros para ganar interés . En uno y otro caso, vemos que la remuneración respectiva la dará el Rey a su regreso. Cuando se presentó el segundo siervo, entregó 5 veces más de lo que recibió y el Señor le da mando sobre 5 ciudades. Está a la vista que su rendimiento fue inferior al del primero, pues sin duda dedicó menos celo y sacrificio al encargo recibido. Sin embargo llegó a obtener una remuneración de acuerdo a sus esfuerzos. Jesús no menciona en dar detalles de lo que rindieron los otros siete siervos. Nos encontramos ahora con el caso del mal siervo que rehusó cumplir con el encargo de su amo. En aquellos tiempos, los nobles de rango real salían a poseer villas y pueblos enteros siendo todo los pobladores considerados como siervos del señor titular de su villa, aldea, pueblo o ciudad. De ahí que el término siervo significa más bien súbdito en el lenguaje bíblico. Observemos que la narración de Jesús le da bastante espacio a dicho siervo o súbdito, por lo que vamos a examinar cuidadosamente las circunstancias. En primer lugar, este hombre reconoce la autoridad del nuevo Rey y se dirige a Él en propios términos; luego le devuelve la libra de plata que le fue confiada, envuelta en su pañuelo. Este detalle deja divisar la ociosidad del sujeto ya que el que trabaja duro usa su pañuelo para limpiar el sudor. Decir que guardó la libra envuelta en su pañuelo, implica en otras palabras que ocultó su testimonio y se dio a una vida de ocio y de placer, no hizo nada. Invertir la libra del Rey requiere trabajo y producción, celo, sabiduría, y gran actividad. El siervo había sido perezoso y para justificarse arguye temor y duda acerca de la integridad de su amo v. 21. Así es exactamente con millares de personas dicen ser cristianos, pero están en la iglesia sólo por temor o tradición. Conciben a Cristo como muy exigente, ponen en tela de juicio su justicia y especulan mucho acerca de su integridad. Alegan en contra de toda severidad y favorecen en cambio la mundanalidad y la vanidad de la vida. Es más dicen que por qué tiene que haber juicio final más adelante, y protestan por lo malo que les sucede, echando la culpa de todo a Dios. Por supuesto que tan tenebrosas ideas anulan toda acción de servicio. Se encuentran llenos de temores y dudas que son inútiles a la iglesia. No contribuyen en nada a la causa de Cristo y son una piedra de tropiezo para otros, especialmente para los recién convertidos. Nunca tienen un testimonio que dar sobre la acción de Cristo en la vida de ellos; en el fondo porque impiden y le ponen obstáculos. Por algo dice Jesús, el que conmigo no recoge desparrama Mt. 12.30. En respuesta, el Rey le echa en cara que no tiene ninguna excusa y que lo juzga con sus propias palabras. Si tenía tantos motivos para vacilar en optar por la acción, ¿por qué a lo menos no dio ese dinero al Banco para que lo trabaje, saque una ganancia y de ahí le haga partícipe con un interés módico? Ya que él carecía de propia iniciativa, siquiera podría haber cooperado con alguien que tenía una buena organización de servicio. Pero como ni siquiera apeló a este recurso, la libra que se le confió fue quitada para dársela al que más había recibido. ¡Qué terrible es pensar que por toda una eternidad uno tenga que lamentarse de haber perdido su oportunidad! ¡Qué decepción trae el pecado! No sólo engaña al hombre sino que lo lleva a la enemistad con Dios. Cuando una persona muere físicamente, las cosas quedan establecidas definitivamente y para siempre. Como el mal siervo obró con descuido, o mejor dicho, no hizo nada positivo en prepararse para la venida del Rey, el hombre importante sentenció enfáticamente diciendo que le quitaran lo que había recibido, pues al que más tiene, más le será dado, y al que casi nada tiene, aún eso le será quitado. Este es una ley que se cumple también en la vida diaria. Los que usan sus talentos materiales y los desarrollan con su experiencia, son cada vez más expertos, y los que no ejercitan una habilidad innata o adquirida, pronto la pierden. Hasta en las cosas materiales vemos que instrumentos o máquinas que se usan, se pulen cada vez más. En cambio las que están en desuso se oxidan. Sólo nos queda por agregar con respecto a este caso, que observamos que mucha gente piensa que los dones que tienen son de poca importancia. Entonces no hacen nada positivo y descuidan las oportunidades que tienen a su alrededor. Por ejemplo si se les pide que presten un servicio a la iglesia y que a su juicio no es gran cosa, inmediatamente lo rechazan. ¡Ay de ellos! Un día despertarán frente a frente ante el Rey, entonces tendrán que buscar excusas para justificarse. Al final la parábola menciona de un grupo de rebeldes a la autoridad real y adversarios de su régimen de gobierno que protestaron a gritos, “no queremos que este hombre reine sobre nosotros”. Su sentencia fue la muerte. El destino de los malvados e infieles es la muerte segunda o muerte eterna Ap. 20. 14; 21. 8. ¿Quiénes son aquellos que la parábola menciona como los llamados a ejecutar a los malditos? Sin duda son ángeles, a los que ya Jesús mencionó en Mt. 13. 39-42, como encargados de “recolectar la paja que no sirve y echarla en el fuego”. Los que no aceptan ser gobernados por la gracia de Dios, caen bajo su justicia imparcial. Esta parábola es por eso una prevención a los rebeldes, y también un estímulo para los fieles respecto a los galardones que les esperan. Como el apóstol Pablo decía en: 1Co. 3.8. Hch.20. 24, y 2Ts. 4. 6-8.